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26 ene. 2015

Kepler-186f podría albergar vida inteligente

El 19 de marzo de 2014, en un encuentro científico sobre la búsqueda de vida extraterrestre celebrado en Tucson (EE. UU.), el investigador de la NASA Tom Barclay presentó el primer exoplaneta de tamaño similar a la Tierra situado a una distancia de su estrella que permitiría la vida; ni demasiado lejos ni demasiado cerca, en esa franja templada que los investigadores denominan “zona Ricitos de Oro”, en alusión a la niña del cuento que no quería su sopa ni caliente ni fría. Aunque Kepler-186f, a unos 500 años luz de nosotros, fue incorrectamente bautizado por los medios como un gemelo de la Tierra (su estrella es una enana roja, muy diferente del Sol), el anuncio fue acogido como la primera posibilidad real de haber hallado un nicho para la vida más allá del Sistema Solar. Un mes después, los detalles de Kepler-186f se publicaban por todo lo alto en la revista Science.



(Representación artística de Kepler-186f. Imagen de NASA Ames/SETI Institute/JPL-Caltech.)


Pero ¿realmente puede existir vida en Kepler-186f? Una astrofísica opina que sí. O que, al menos, las posibilidades de que aquel planeta esté habitado por seres inteligentes son de un nada desdeñable 50,3%.




(Comparación del sistema Kepler-186 y el Sistema Solar 17 de abril de 2014)


Esta es la historia. Tras el hallazgo de Kepler-186f, los investigadores del Instituto de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) dirigieron las antenas de su matriz de telescopios Allen (ATA) hacia esa coordenada del cielo, en busca de alguna señal de radio que pudiera delatar la existencia de una civilización tecnológica. Los científicos, dirigidos por el astrónomo jefe del Instituto SETI, Seth Shostak, rastrearon un intervalo de frecuencias entre 1 y 10 gigahercios, en la banda alta del dial de la radio. “Hasta ahora no ha habido suerte, aunque seguiremos buscando”, escribía Shostak en un artículo publicado entonces.

Pero no todos piensan que la búsqueda fue infructuosa. La astrofísica Hontas Farmer, profesora asociada de los City Colleges of Chicago y del College of DuPage, lleva años participando en la iniciativa de colaboración SETILive, que permite la participación de voluntarios en la observación y el análisis de los datos. Farmer estuvo observando los gráficos del ATA llamados “de cascada” obtenidos durante el rastreo de Kepler-186f. En este tipo de gráficos, el eje horizontal representa la gama de frecuencias, mientras que el vertical corresponde al tiempo, de modo que cada píxel es un segundo. Cuando hay una señal, aparece un punto destacado sobre el fondo, más claro a mayor intensidad. En apariencia y para un ojo no entrenado, un gráfico de cascada solo muestra nieve como la de los antiguos televisores, pero un patrón de puntos en una línea vertical o ligeramente diagonal podría revelar una señal artificialmente creada. Los algoritmos del SETI analizan las imágenes, pero los investigadores cuentan también con el escrutinio humano como ayuda.

Cuando Farmer se topó con un gráfico obtenido el 12 de abril de 2014, observó un ligero, casi imperceptible patrón de líneas verticales. Según escribió la astrofísica en su blog, es una señal muy “ruidosa y degradada”, como sería de esperar en una red de satélites orbitando un planeta. Pero no dudó en afirmar: “Esos datos tienen exactamente el aspecto que yo esperaría de una señal extraterrestre”. Este mes, Farmer ha actualizado sus observaciones aplicando filtros que reducen el ruido y que en su opinión sostienen su hipótesis, ya que parecen mostrar breves cadenas de píxeles que podrían corresponder a brotes de emisiones de varios segundos que “se apagan y se encienden de nuevo en las mismas frecuencias”. La investigadora cifra en algo más de un 50/50 las posibilidades de vida en Kepler-186f; concretamente, y aplicando la ecuación que propone en su estudio aún pendiente de publicación, un 50,3%. Por supuesto, no niega que “algún fenómeno natural podría mimetizar esta señal”.

(Gráfico de cascada de emisiones de radio de Kepler-186f obtenidas por SETILive. Las líneas muestran lo que podrían ser señales, según Hontas Farmer. Imagen de SETILive/Hontas Farmer.)

Cabe preguntarse si no podríamos obtener algo mejor y más concluyente, pero según los investigadores de SETI el rastreo de señales de tecnología extraterrestre es la búsqueda de la aguja en el pajar. Todos recordamos la fuerte e inequívoca emisión captada por los astrónomos en la película Contact, basada en la novela de Carl Sagan. Según los científicos, para enviar una señal de esa magnitud se requeriría una fuente varias veces más potente que el mayor emisor de la Tierra, el del radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico. Por supuesto que esto no sería un obstáculo para una civilización más avanzada que la nuestra, pero existe otro problema fundamental. Dado que Kepler-186f se encuentra a unos 500 años luz, nuestras primeras emisiones de radio no llegarán allí hasta dentro de varios siglos. Es decir: ellos, si existieran, no sabrían que estamos aquí, por lo que no habría ningún motivo para que enviaran una señal potente en nuestra dirección.

De hecho, y a pesar de lo que imaginó para su ficción, “lo cierto es que Carl Sagan no esperaba ver una señal tan fuerte; eso solo hace una buena historia para Hollywood”, señala Farmer a Ciencias Mixtas. La astrofísica menciona un estudio que Sagan publicó en 1975 y en el que “argumenta que, siendo realistas, todo lo que podríamos esperar es una distribución no térmica en las señales de radio de una civilización inteligente; en otras palabras, sabríamos que están en el aire, pero sería como tratar de sintonizar una emisora de radio de 100 vatios desde 10.000 millas de distancia, o peor”. Después de filtrar el ruido, “lo que queda es precisamente la señal sobre la que escribió Sagan”, arguye la investigadora. O sea, que podemos olvidarnos de las instrucciones para crear la nave que nos desplace a través de los agujeros de gusano.

Mientras Farmer trata de publicar su estudio, lo cierto es que su optimismo no es compartido por los responsables del Instituto SETI. Shostak admite que los gráficos de cascada analizados por la investigadora parecen mostrar algo, pero en su opinión se trata de contaminación terrestre: “Para ser honestos, vemos ese tipo de emisión todo el tiempo, debido sobre todo a los satélites de telecomunicaciones. Cada vez que apuntamos las antenas al cielo, también captamos interferencias de radio”, precisa el astrónomo a este blog.

Shostak explica que la diferencia entre señales e interferencias es clara: las primeras solo se detectan al dirigir las antenas al punto concreto del cielo, mientras que las segundas cubren todo el firmamento. Según este criterio, prosigue Shostak, “las señales son interferencias terrestres, y este es el motivo por el que no hemos continuado observando”. “Probablemente Farmer no está familiarizada con estos procedimientos de búsqueda”, concluye el astrónomo jefe del Instituto SETI. Por su parte, Farmer confía en que las observaciones continúen para llegar a una conclusión definitiva. “Para saberlo con certeza necesitamos estudiar Kepler-186f mucho más de lo que lo hemos hecho”.

25 oct. 2012

Marte podría albergar vida

Craig Venter y Jonathan Rothberg, dos auténticos magnates de la biotecnología, desarrollan máquinas secuenciadoras para probar, de una vez por todas, que el Planeta Rojo es capaz de albergar vida.


Craig Venter y Jonathan Rothberg, dos auténticos magnates de la biotecnología, están desarrollando (cada uno por su cuenta) versiones ultraportátiles de máquinas secuenciadoras de ADN. El objetivo de ambos es llevarlas a Marte y probar, de una vez por todas, que el Planeta Rojo es capaz de albergar vida.
 
Según detalla Technology Review, podríamos estar ante una auténtica carrera por conseguir el primer genoma extraterrestre. Ambos magnates, en efecto, están convencidos de que en Marte sigue habiendo vida en la actualidad. Y la única forma de detectarla es llevar hasta el planeta rojo un secuenciador de ADN, algo que no se ha hecho hasta ahora.

Por eso Craig Venter, el hombre que estuvo a punto de adelantarse al consorcio internacional que secuenció el genoma humano, y el mismo que en 2010 sorprendió al mundo con el anuncio en Science de la creación de una célula viva con un genoma artificial, se ha empeñado ahora en ser el primero en conseguir una muestra de material genético extraterrestre.

Y por eso, Jonathan Rothberg, fundador de Ion Torrent y uno de los "padres" de los métodos actuales de secuenciación genética, se ha empeñado también en conseguir lo mismo. "Queremos estar seguros -dijo Rothberg a Technology Review- de que Ion Torrent vaya a Marte".

Venter asegura que los investigadores de su equipo ya han empezado a hacer pruebas en terrenos muy parecidos a Marte, en el desierto californiano de Mojave, uno de los lugares donde la NASA testea sus futuros vehículos y experimentos en el planeta rojo. Y que está a punto de conseguir el objetivo de poner a punto una máquina que sea capaz, de manera completamente autónoma, de aislar microbios de las muestras de terreno, secuenciar su ADN y enviar después los datos a un ordenador lejano.

Por su parte, la "Máquina Personal de Genoma" de Rothberg ya está siendo adaptada a las condiciones de trabajo en Marte, como parte del programa SET-G (Search for Extraterrestrial Genomes) del MIT y la Universidad de Harvard y financiado por la propia NASA.

Ahora bien, cómo llevarán los dos magnates (o uno de ellos) sus máquinas hasta el planeta rojo? Tras el aterrizaje del Curiosity el pasado mes de agosto, no está prevista otra misión a Marte por lo menos hasta 2018, y por ahora nadie ha dicho que en ella vaya a viajar también un secuenciador de ADN. Al contrario, las intenciones de la agencia parecen orientarse a la posibilidad de llevar a cabo una misión de "ida y vuelta". Es decir, una que sea capaz de obtener muestras de Marte y de traerlas después a la Tierra para analizarlas a fondo en las grandes instalaciones científicas.

Pero Venter y Rothberg están convencidos de que ese no es el mejor método, ya que existe el riesgo de que esas muestras se contaminen con material biológico terrestre e invaliden los resultados. En caso de ser positivos, las dudas de contaminación suscitarían una polémica interminable y la cuestión de si hay o no vida en Marte seguiría estando abierta. Por eso, ambos creen que lo mejor es analizar ese posible ADN "in situ", sobre el propio terreno marciano, lo que despejaría todas (o casi todas) las dudas sobre los resultados.

Los detractores de la idea, por su parte, subrayan las limitaciones de estas máquinas. Por un lado, deberían ser capaces de realizar una tarea muy compleja de forma totalmente autónoma, algo que aún no está plenamente conseguido. Pero por otro, y esto es lo importante, sólo tendrían éxito en su cometido si el ADN marciano fuera exactamente igual al de la Tierra. Un material genético diferente no podría ser detectado.

Vida resistente

La apuesta, pues, es arriesgada y no tiene garantías de éxito. Pero muchos piensan que vale la pena intentarlo, ya que el premio, si se produce, sería enorme. Además, otras evidencias apuntan a que el ADN marciano, de existir, tiene muchas posibilidades de ser el mismo que hay en nuestro planeta. Se ha calculado, por ejemplo, que durante los últimos cuatro mil millones de años y gracias a un gran número de colisiones e impactos de meteoritos, ambos mundos han intercambiado, por lo menos, mil millones de toneladas de rocas. Y la Ciencia sabe que la vida puede viajar en esas rocas y desplazarse así de un planeta a otro.

Por otra parte Venter y Rothberg, cada uno por su lado, creen firmemente que la vida puede haber resistido en Marte después de que el planeta perdiera las condiciones favorables que se dieron en él al principio de su existencia. Y si bien es cierto que la intensa radiación a la que está sometida la superficie de Marte hace inviable cualquier forma de vida, también lo es que ésta podría haberse refugiado a varios metros bajo tierra. En nuestro planeta, por ejemplo, se han llegado a encontrar organismos vivos a varios kilómetros de profundidad. 

Si su idea se demostrara acertada y efectivamente consiguiera algún material genético marciano, Venter intentaría después reconstruir en sus laboratorios organismos vivos de Marte. Eso sí, en un laboratorio de alta seguridad, para evitar que esos organismos queden libres y puedan causar algún daño a los seres vivientes de la Tierra.
Fuente: ABC

19 oct. 2012

Estamos cerca de encontrar vida en otros planetas

Es aún terreno de la ciencia ficción, pero el descubrimiento de un nuevo planeta a apenas cuatro años luz reavivará una carrera para hallar otro planeta similar a la Tierra en el que pueda existir vida extraterrestre.


El descubrimiento, además, sucede a poco tiempo de que comiencen a funcionar los telescopios más potentes jamás construidos.

El planeta del tamaño de la Tierra descubierto en el sistema solar Alpha Centauri está demasiado cerca de su sol para que exista vida, dijeron investigadores del Observatorio de Ginebra. Pero estudios previos han insinuado que cuando un planeta orbita un sol, generalmente hay otros en el mismo sistema.

Y ante el avance que significarán los nuevos telescopios, veríamos vida alienígena antes de poder hacer contacto.

"Creo que es realista esperar que podamos deducir en unas pocas décadas si un planeta como la Tierra tiene oxígeno/ozono en su atmósfera y si está cubierto con vegetación", dijo a Reuters Martin Rees, director del Observatorio Real de Greenwich, en Reino Unido.

En la próxima década comenzarán a funcionar dos poderosos telescopios: el radiotelescopio SKA, situado en Sudáfrica y Australia; y el E-ELT europeo, construido en la cima de una montaña del desierto de Atacama, en Chile, que será el mayor telescopio óptico construido en la historia.

Su principal tarea será investigar los orígenes y naturaleza de las galaxias, pero también buscarán señales de vida en planetas que ahora pueden apenas apreciarse.

Con un espejo de casi 40 metros de diámetro, el E-ELT, que estará completo en 2024, podrá mostrar planetas orbitando otras estrellas y producirá imágenes 16 veces más claras que las del Telescopio Espacial Hubble.

Los telescopios podrán captar señales, que podrían ser radiación de radares militares, de un millón o más estrellas cercanas. "Por lo tanto, si hay civilizaciones avanzadas en planetas alrededor de esas estrellas, podremos verlas", dijo Bob Nichol, astrónomo de la Universidad de Portsmouth.

Meses atrás, Xavier Bonls, del Instituto de Planetología y Astrofísica de Grenoble, estimó que podrían existir miles de millones de planetas rocosos solo en nuestra galaxia con la temperatura adecuada para que haya vida.

Pero el universo es tan extenso que incluso si existiera vida inteligente en algún lugar enviando señales, los astrónomos dicen que la posibilidad de no escucharlas es aún considerable.
Fuente: La Información

10 sept. 2012

Descubren que puede haber vida en más planetas de los que se pensaba

Nuevos modelos en computador sugieren que puede haber más planetas habitables de lo que se pensaba anteriormente.

Los científicos han desarrollado modelos para que les ayuden a identificar planetas en sistemas solares lejanos que sean capaces de albergar vida.

Los cálculos sobre la cantidad de planetas habitables han estado basados en la probabilidad de que tengan agua en la superficie.

Pero un nuevo modelo les permite a los investigadores identificar planetas con agua subterránea que está en estado líquido a raíz del calentamiento planetario.

La investigación fue presentada en el Festival de Ciencia Británico, en la ciudad escocesa de Aberdeen.

Agua superficial

El agua es fundamental para la vida como la conocemos.

Los planetas que están muy cerca de su sol pierden agua superficial por la evaporación.

En los planetas más alejados del sol, el agua está congelada.

El dogma era que para que pudiera existir el agua en forma líquida (es decir en la forma capaz de dar vida), un planeta debía estar a la distancia correcta de su sol. Es decir, en la zona habitable.

Sean McMahon, un estudiante de doctorado de la universidad de Aberdeen, que está llevando a cabo el proyecto, explicó que "se trata de un rango de distancias desde una estrella en la que la superficie de un planeta similar a la Tierra no es ni demasiado caliente ni demasiado frío para que el agua sea líquida".

"Así que, tradicionalmente, las personas han dicho que si un planeta está en esta zona 'ideal' entonces puede tener agua líquida en su superficie y ser un planeta habitable".

Pero los investigadores están empezando a pensar que la teoría 'ideal' es demasiado simple.

Fuentes de calor

Los planetas pueden recibir calor de dos formas: directamente de una estrella o desde el fondo del propio planeta.

Mientras se desciende a través de la corteza de la Tierra, las temperaturas van aumentando. Incluso cuando la superficie está congelada, puede haber agua debajo del suelo.

Inmensas cantidades de agua, de hecho, llenas de vida primitiva.

Como dice el profesor John Parnell, de la Universidad de Aberdeen, quien lidera el estudio: "Existe un habitat significativo de microorganismos debajo de la superficie de la Tierra, que se extiende por varios kilómetros".

"Y algunos creen que la mayor parte de la vida en la Tierra podría residir en esta biosfera profunda".

El equipo de Aberdeen está desarrollando modelos para predecir qué lejanos planetas podrían albergar depósitos subterráneos de agua líquida con la posibilidad de vida extraterrestre.

Al explicar su argumento, McMahon dice: "Si se toma en cuenta la posibilidad de biosferas profundas, habrá problemas para conciliar esa información con la idea de una estrecha zona habitable definida solo por las condiciones en la superficie".

A medida que uno se aleja de la estrella, la cantidad de calor que un planeta recibe de una estrella disminuye y el agua de la superficie se congela. Sin embargo, el agua que queda atrapada en el interior permanecerá líquida si el calor interno es lo suficientemente alto. Esa agua podría sustentar la vida.

Incluso es posible que un planeta que esté muy lejos de la estrella y no reciba casi nada de calor solar pueda mantener agua líquida subterránea.

"Habrán muchos más planetas habitables", finaliza McMahon.

Fuente: BBC Mundo

 

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